La felicidad de la polilla.


Hay personas-polilla que su felicidad no va más allá de dar vueltas alrededor de una persona-bombilla, podrían decidir moverse por otros lugares mas se quedan allí encerrados en su micromundo; del mismo modo hay historias que te mantienen a la expectativa aunque no tengan una trama contundente como un bistec. Son inócuas. Sigues leyendo aun a sabiendas de que no van a despertar tus neuronas o encogerte el corazón y hay partes suprimibles, pero están escritas de una manera que te adentran y embelesan.

Hablo hoy, en concreto, de dos novelas: La felicidad de la polilla (de Francisco Corrales Fernández que obtuvo el premio de novela corta del 2014 de la esfera cultural) y Ni de Eva ni de Adán (de Amélie Nothomb). Ambas hablan de amor, distintos tipos aunque el nexo de una unión por necesidad o rutina más que por latidos. Podrías huir, escapar de esa foundee de queso que te atrapa y te mantiene en el plato quieto pero ¿lo haces?

Tranquilos, no voy a destripar como terminan las aventuras, sino que os dejo con este breve esbozo de reseña para que se adentre en ellas quien sienta curiosidad.