Y sólo...

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Y sólo eres el principio
de la noche, contigo enciendo
el cigarro y aplaco la ira.
Más se perdió en la guerra,
lo sabes, lo sé. Así que mira
a través de la ventana, de una
que no de a un patio interior
y observa cómo se te escapa
la vida enroscando rabia,
sacándole brillo a la pena.
Yo, me fumaré esta noche.
Será la última que te dedique, 
el último cigarro.
Porque los pulmones no tienen
la culpa, porque los días pasan
y más se perdió en la guerra. 


Imagen de Pixabay.


Directores.

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Dice Fererico Babina que "Los directores son como los arquitectos del cine. Ellos son los que construyen las historias que, al igual que los edificios, envuelven al espectador y lo llevan a explorar diferentes mundos. Con su propio estilo, lenguaje y estética, cada uno planea y construye lugares e historias que nos acogen durante el transcurso de las películas." Me encantó la manera de definirlos y su composición Archidirector: ilustraciones de casas imaginarias de grandes directores de cine, por eso voy a utilizar algunas en esta entrada donde pretendo hablar de directores de "pata negra". Son seres de humor acarbonado y estética peculiar, que con dóciles procedimientos o rarezas ahuyentan la rutina y cambian los esquemas argumentales, visuales, etc.

Para mí, entre estos seres se encuentra el creador de Cabeza borradora (David Lynch), de Lucy (Luc Besson), Origen (Christopher Nolan) y un largo etcétera (que si me extiendo a la lista de películas favoritas...) que normalmente tienen más de un trabajo sublime. También las series han ganado una buena posición, en este aspecto, desde que me bebí A dos metros bajo tierra (Alan Ball), Hannibal (Bryan Fuller), Fargo (Noah Hawley), Peaky Blinders (Steven Knight), Sherlock (Steven Moffat y Mark Gatiss), True Detective (Nic Pizzolatto), etc. Sus texturas e historias son tan envolventes que cuando se terminan quieres que pase algo de tiempo para volver a ellas.

Normalmente, sus nombres están relacionados con la grandeza. Esperas algo que te revuelva las tripas, que no te deje indiferente. Es cierto que en alguna ocasión eso de tenerlos en un pedestal -de estilo y buen criterio- genera los chascos, pero tienden a ser una apuesta segura. 

Hay directores que nadan a contracorriente, que rompen moldes y experimentan con sus creaciones y su público. Y nosotros, como cobayas enganchadas a un cacahuete, no podemos parar de consumir su arte hasta que sale el 
FIN.
















Texto de Saray Pavón
Imágenes de Federico Babina 

Millennium (6)

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El hombre que perseguía su sombra me dejaba un sabor agridulce y pese a ello nada más terminarlo me adentré en La chica que vivió dos veces. En tramos se nota otro aumento de nivel en la escritura de David y eso se agradece (también que termine su incursión en Millennium).

Son 578 páginas en la edición de Destino. Y, sí, también le sobran unas 100 páginas de repeticiones y explicaciones de papilla. En el prólogo se cuenta la historia de un mendigo que muere en soledad. La primera parte nos habla de los desconocidos, aquellos que mueren sin nombre e incluso sin tumba, otros son una cruz blanca en un campo minado de ellas y a unos pocos le erigen un monumento, como la Tumba del Soldado Desconocido. Con el descubrimiento de la muerte del mendigo comienza el final de esta historia. 

Cuando aparece un muerto siempre hay quien revisa sus bolsillos. Lo material que dejan en algunos momentos traza un halo de luz que desvela la personalidad y su historia. Entre las pertenencias de este sin nombre se encuentra el teléfono de Mikael Blomkvist (ya sabemos que una de las tramas será el dúo Salander-Blomkvist resolviendo este enigma). A veces la muerte nos enseña. Muestra conocimientos que no queremos ver aunque sepamos que están ahí. Las cicatrices de nuestro cuerpo nos conforman, somos nosotros. La piel, en ocasiones, dicen más que nuestras propias palabras. A veces sólo hay que seguir las pistas genéticas.

Lisbeth avanza. Pasa de presa a cazadora. Busca, analiza y... comienza la película de Antena3 de las hermanas gemelas. Con otras subtramas de personajes que apoyan a Camilla (también conocida en su círculo como Kira), de denuncia de las fábricas en Rusia de ‘fake news’: noticias falsas y mentiras originadas por piratas informáticos capaces de propagar el odio racista e influir en las elecciones y las políticas de otros países a conveniencia, y un romance en el que se enreda Lis. con una mujer maltratada.  

El fuego lo consume todo. Los rastros, la ira y la emoción inicial que tenía antes de enfrascarme en la continuación de Millennium. La olla a presión va perdiendo su fuerza y nos dan un final a lo Disney. Ese combinado azucarado ha sido el motivo de mi tardanza para escribir mis impresiones, normalmente la pereza se mete en mis venas cuando la pasión se ha evaporado. ¿Por qué te han hecho esto Lisbeth?  

Conclusión: La trilogía original de Stieg Larsson es recomendable al 100% y lo dejaría ahí. La continuación de David Lagercrantz es absolutamente prescindible porque no le hace justicia a la saga Millennium. 

Reseña de Saray Pavón
Imagen portada del libro