Yermo

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Yermo. Tras este título se encuentra el segundo poemario de Cristian González del Pino, que está arropado por el prólogo de Anabel Caride y las ilustraciones de Saray Pavón (puedes verlas en mi Behance). Mi papel aquí puede pensarse lejano a los latidos del autor, pero hace tiempo compartí mi modus operandi a la hora de vestir un libro con mis dibujos: ese beberme los versos, embadurnarme con ellos y tratar de adentrarme en la piel de las escenas creadas por Cristian. 

Me sumerjo en relecturas para acompasar el ritmo de mi sangre con la de los personajes. Intento dejar de ser una persona con un rotring en la mano derecha para recorrer las partes de Yermo, la esencia. A veces duele, otras se exhala con esperanza. 

Dice Anabel Caride que "Cuando la vida te da limones, acaso la mejor forma de metabolizar los sinsabores sea la literaria: leer para entender un mundo injusto y complejo, para no sentirnos huérfanos en nuestros dramas cotidianos, escribir para sentirnos vivos o encontrar en un poema lo que tal vez no seamos capaces de decirnos al espejo." 

He disfrutado mucho como lectora e ilustradora, tal vez por lo que añade Anabel: "Desde la valentía de la desnudez, Cristian nos introduce en un crisol de temas universales: la muerte, la influencia del núcleo familiar en la búsqueda de referentes, las figuras paterna y materna, la escurridiza identidad de género o el deseo de perpetuarse a través de los hijos. Huyendo de clichés, nos sacude y apabulla introduciéndonos en la estirpe del dolor, la enfermedad y la podredumbre sin fuegos de artificio."

Estoy segura de que este poemario lo degustaréis cada cierto tiempo. Será de los que no prestaréis y prefiráis ir a la tienda para regalar uno nuevo (que ya sabemos que más de un libro prestado duerme al olvido de la palabra "devolución"). 

Hace tiempo compartimos una pequeña muestra, un parto sin dolor. Y hoy dejamos que os deis otro chapuzón en Yermo.

Sobreprotección maternal:
A mi madre

Déjame salir.
Corta el cordón umbilical
de mi cuello amoratado.
La sal de tu lengua
escuece en mis heridas.
Fuera de la cama de mi madre
la vida.
Fuera de la cama de mi madre
la muerte.


Si tienes la oportunidad de asistir a una de las presentaciones del libro... no la desaproveches.


Fast Car

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Cuando era pequeña nunca le dije a mi tía Virginia en qué lugar la tenía. Daba por sentado que veía que me lo pasaba bien con ella, que disfrutaba con sus descubrimientos musicales, los disfraces, las aventuras, chucherías y un largo etc. No sólo era "la divertida" sino la que decía las cosas claras. Y aunque pensase que no tenía pájaros en la cabeza... los fabricaba para que nosotras, sus sobrinas, volásemos con ellos. 

Cada vez que escucho Fast Car de Tracy Chapman la recuerdo. Siempre con una sonrisa y melancolía de tardes de patinaje. No se lo dije porque soy muy mía y creo que quedan implícitos mis sentimientos en los momentos compartidos pero... cualquier día es una buena oportunidad para romper el silencio.

PD: Esta entrada la escribí por septiembre del 2017 y se quedó a la espera de una foto en la que salimos juntas que tenía localizada mentalmente, o, en su defecto, de una sesión en la que me disfrazó de Tailandesa. Por desgracia tengo muy pocas fotos de mi infancia en mis manos, así que tendremos que conformarnos con esta que me hizo mi padre.

Atrapar insomnios

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Montar audiovisuales. Sacar a Kuno. Alimentar a las fieras. Bocetos. Clases. Comer. Dor... Presentar. Programar. Organizar. Hacer deporte. Asearme. Comer. Dor... Supermercado. Veterinario. Bricolaje. Escribir. Comer. Dor... y podría poner más actividades monótonas y repetitivas o los acantilados emocionales que han sucedido en 2017 pero quizás mejor el silencio y volver con algún vídeopoema.

Hasta pronto.